Los exchanges y otros custodios de bitcoin podrían reducir parte de su exposición al riesgo cuántico antes de que la red adopte nuevas firmas criptográficas. El reto, sin embargo, no se limita al protocolo: también exige adaptar depósitos, retiradas, aprobaciones, copias de seguridad y procesos de recuperación en las plataformas que controlan grandes saldos.
El debate ganó peso después de que Coinbase publicara el 9 de septiembre un informe sobre un taller privado organizado junto con Stanford y Localhost Research. La reunión reunió a desarrolladores, criptógrafos, custodios institucionales y especialistas en monederos físicos. Los participantes no alcanzaron un consenso sobre una solución concreta y señalaron varias cuestiones pendientes, entre ellas el tamaño de las transacciones, el rendimiento del hardware, la gestión de claves y la adopción.
Unos 1,6 millones de BTC están vinculados a exchanges
Un estudio de exposición elaborado por Glassnode permite dimensionar el problema. Sus datos de mayo situaron en torno a 1,6 millones los bitcoins asociados a salidas de exchanges cuyas claves públicas ya eran visibles en la cadena de bloques. La cifra equivale aproximadamente al 40% del bitcoin incluido por la firma en el grupo de saldos expuestos por motivos operativos.
Glassnode estimó que 6,04 millones de BTC, el 30,2% de la oferta emitida, presentaban exposición de clave pública “en reposo”. De ese total, 1,92 millones de BTC estaban expuestos por la propia estructura del tipo de salida utilizado, mientras que otros 4,12 millones lo estaban por prácticas operativas como reutilizar direcciones o mantener saldo asociado a una clave después de que una transacción la hubiera revelado.
En el desglose de los exchanges aparecen dos cifras: 1,63 millones de BTC, equivalentes al 8,1% de la oferta, en el resumen del estudio, y 1,66 millones, el 8,3%, en su apartado detallado. Por eso la referencia habitual es “aproximadamente 1,6 millones de BTC”. Glassnode advirtió de que se trata de un subconjunto atribuido a exchanges a partir de datos en cadena, no de un inventario exhaustivo ni de una clasificación de solvencia, seguridad o riesgo inmediato.
La visibilidad de una clave pública no implica que hoy exista una amenaza de robo. No se ha descrito un ordenador cuántico capaz de romper las firmas de Bitcoin y Coinbase calificó el riesgo de no inmediato. El problema es hipotético: una máquina suficientemente potente podría atacar en el futuro determinadas claves públicas sin esperar a que sus propietarios volvieran a gastar los fondos.
La custodia activa permite actuar antes del cambio de protocolo
La exposición se divide en dos escenarios. El primero afecta a claves visibles durante largos periodos en la cadena. El segundo aparece cuando una transacción revela la clave pública y permanece pendiente de confirmación, lo que abre una ventana más breve para un posible ataque.
Los exchanges tienen una ventaja frente a los fondos abandonados o inaccesibles: controlan activamente las claves y pueden reorganizar sus saldos. Medidas como mejorar la higiene de direcciones, rotar las salidas de cambio y revisar la gestión de reservas podrían reducir parte de la exposición operativa antes de que Bitcoin adopte un esquema de firmas poscuánticas.
Eso no convierte la migración en un proceso sencillo. Los custodios tendrían que coordinar políticas internas, sistemas de aprobación, copias de seguridad, direcciones de depósito, retiradas y mecanismos de recuperación. La capacidad de mover un saldo es una condición necesaria, pero no garantiza que la transición pueda ejecutarse sin errores a gran escala.
BIP-360 ofrece una posible vía, aún sin calendario
Una de las propuestas en estudio es BIP-360, que plantea incorporar mediante una bifurcación suave un nuevo tipo de salida de SegWit denominado Pay-to-Merkle-Root (P2MR). La idea mantiene la funcionalidad de los árboles de scripts de Taproot, pero elimina el gasto por la ruta de clave de Taproot. Así, los fondos podrían comprometerse con un árbol de scripts sin exponer por defecto una clave pública en la salida.
El borrador no incorpora un algoritmo de firma poscuántica. Tampoco resuelve por sí solo la ventana de exposición que surge cuando una transacción está pendiente de confirmación. Las salidas antiguas, los saldos actuales de Taproot y los fondos mantenidos en otros formatos seguirían donde están hasta que sus controladores los trasladaran.
Las pruebas técnicas avanzan por separado. Blockstream Research informó el 19 de agosto de que varios monederos físicos probados podían generar firmas poscuánticas basadas en funciones hash, aunque el análisis no incluyó la verificación de firmware poscuántico, esquemas basados en retículas ni isogenias. En mayo, BitGo y Silence Laboratories comunicaron una simulación de transacciones poscuánticas con ML-DSA dentro de un monedero basado en computación multipartita. Fue una prueba de laboratorio, no un despliegue operativo en exchanges de Bitcoin.
La transición, por tanto, avanza en dos frentes: elegir una solución criptográfica y demostrar que custodios, fabricantes de hardware y desarrolladores pueden integrarla. Los exchanges concentran una parte relevante de la exposición identificada y tienen capacidad para actuar, pero también soportan una de las pruebas operativas más exigentes. BIP-360 sigue siendo un borrador, sin calendario de activación, y la elección final de las firmas poscuánticas continúa abierta.











