Francia se ha convertido en el eslabón más débil de la eurozona después de una década de presidencia de Emmanuel Macron. Los inversores exigen ya una rentabilidad mayor por la deuda francesa que por la italiana, una señal de la pérdida de confianza en la capacidad del país para contener el déficit y estabilizar sus cuentas públicas.
El lunes, el rendimiento del bono francés a diez años superó en unos 149 puntos básicos al de Alemania. La diferencia no alcanzaba ese nivel desde 2011. Un punto básico equivale a una centésima de punto porcentual, de modo que Francia paga cerca de 150 millones de euros más al año que Alemania por cada 10.000 millones de euros que pide prestados a diez años.
El movimiento resulta especialmente significativo porque Italia fue considerada durante años el país más rezagado de la zona euro. Ahora, el mercado está aplicando una prima de riesgo superior a la deuda francesa, en un contexto marcado por el aumento de los intereses, el debilitamiento del crecimiento y la falta de estabilidad parlamentaria.
Más gasto, más deuda y una financiación más cara
La lógica del mercado de deuda es sencilla: cuanto mayor es el riesgo percibido por el prestamista, mayor es el interés que exige. Francia ha visto deteriorarse esa percepción porque ha mantenido durante años un gasto público superior a sus ingresos.
Macron llegó al poder en 2017 con una economía en expansión y redujo los impuestos a las empresas con el objetivo de estimular la actividad. Sin embargo, el rumbo cambió a finales de 2018, cuando un impuesto sobre los carburantes provocó las protestas de los chalecos amarillos. Para recuperar la calma, el Gobierno aprobó más de 10.000 millones de euros destinados a las rentas bajas.
Después llegaron la pandemia y la crisis energética. Según el Tribunal de Cuentas francés, el Estado movilizó unos 190.000 millones de euros en ayudas por la pandemia desde 2020 y otros 72.000 millones para hacer frente a la crisis energética. El problema, según la fuente, fue que Francia tardó demasiado en retirar parte de esas medidas. Solo los descuentos sobre los carburantes, aplicados tanto a hogares con rentas altas como bajas, supusieron casi 8.000 millones de euros.
El déficit público alcanzó el 5,1% del producto interior bruto el año pasado, frente al límite del 3% fijado por las reglas europeas. La deuda pública equivalía a finales del año pasado al 115,6% del PIB, casi el doble del umbral europeo del 60%. Solo Grecia e Italia presentaban entonces niveles superiores dentro de la Unión Europea.
Las agencias de calificación también han reflejado el deterioro. Fitch y S&P rebajaron la nota de Francia un escalón, hasta A+, en otoño de 2025. Una calificación más baja suele traducirse en un mayor coste de financiación y, por tanto, en más gasto en intereses para las arcas públicas.
Bloqueo político y dudas sobre el relevo de Macron
La situación fiscal se ha complicado por el bloqueo institucional. Macron perdió la mayoría parlamentaria en 2022 y las elecciones anticipadas de 2024 dejaron una Asamblea capaz de forzar la salida de dos primeros ministros.
Para conservar el apoyo necesario, el primer ministro Sébastien Lecornu suspendió el año pasado la reforma de las pensiones impulsada por Macron. Esa reforma pretendía reducir el gasto prolongando la vida laboral. Lecornu también prorrogó un impuesto extraordinario sobre las grandes empresas que inicialmente se había planteado como temporal, alejándose así del plan presidencial de reducir la carga fiscal empresarial.
El ministro de Finanzas, Roland Lescure, debe lograr que el Parlamento apruebe unos nuevos presupuestos en las próximas semanas. Entre las medidas planteadas figuran la congelación de los salarios de los funcionarios y de parte de las pensiones. Pero los inversores afrontan una incertidumbre adicional: Macron dejará el poder el próximo año y sus posibles sucesores pretenden revisar buena parte de su legado.
Marine Le Pen, líder de Agrupación Nacional, defiende que los trabajadores puedan jubilarse de nuevo a partir de los 60 años. Desde la izquierda, Jean-Luc Mélenchon ha planteado cancelar o congelar parte de la deuda pública francesa en manos del banco central. Para los mercados, las propuestas que cuestionan el pago íntegro de la deuda elevan todavía más el riesgo percibido.
Lescure sostiene que la política económica de Macron ha producido avances, entre ellos un número récord de personas con empleo. El ministro confía en que, cuando termine la actual agitación, la ciudadanía valore los cambios introducidos durante la última década. Mientras tanto, Francia afronta el reto de convencer a los inversores de que puede reducir su déficit en un escenario político cada vez más fragmentado.











