Los futuros de Wall Street arrancan la semana a la baja ante la combinación de dos factores que vuelven a inquietar a los inversores: las dudas sobre la seguridad de la inteligencia artificial y el repunte del petróleo. Los contratos del S&P 500 cedían un 0,5% durante la mañana del lunes, mientras que los del Nasdaq 100 retrocedían un 1,2%. Los futuros del Dow Jones limitaban el descenso a unos 50 puntos.
OpenAI enfría las expectativas sobre una salida a Bolsa
El mercado había encontrado en las grandes compañías de inteligencia artificial uno de los principales apoyos para la evolución de las acciones tecnológicas. Ese impulso no procedía únicamente de sus resultados trimestrales, sino también de la expectativa de que las posibles salidas a Bolsa de OpenAI y Anthropic atrajeran nuevo capital y reforzaran la narrativa alcista del sector.
Ese escenario perdió fuerza durante el fin de semana. Sam Altman, consejero delegado de OpenAI, afirmó en una entrevista que la empresa no saldrá a Bolsa este año y consideró que hacerlo ahora sería imprudente. La declaración supone un cambio respecto a las expectativas transmitidas el mes pasado por la directora financiera de la compañía, que había señalado que OpenAI sería pública como tarde en 2027.
Anthropic también introdujo un elemento de cautela. Su consejero delegado, Dario Amodei, escribió el sábado que las empresas de inteligencia artificial deberían ralentizar el ritmo de innovación de sus modelos más potentes por motivos de seguridad. Un día después añadió que la principal dificultad sería determinar qué ocurriría si China decidiera no hacer lo mismo.
El mensaje plantea una tensión creciente dentro de la industria. Las compañías de IA buscan acelerar su expansión, captar más financiación y demostrar al mercado el potencial de la tecnología. Al mismo tiempo, sus propios dirigentes advierten de que los modelos más avanzados están adquiriendo un poder que puede entrañar riesgos de seguridad.
El petróleo vuelve a presionar a la renta variable
El segundo foco de preocupación está en el mercado energético. El precio del petróleo subió más de un 2% el domingo por la noche después de que Arabia Saudí cerrara un importante oleoducto que evita el estrecho de Ormuz.
El crudo estadounidense ya había superado la semana pasada los 100 dólares por barril, en parte por la escalada en Oriente Medio. La subida contribuyó entonces al deterioro de las bolsas: el Dow Jones perdió un 1,6% en el conjunto de la semana, su mayor caída semanal desde marzo. El S&P 500 retrocedió un 0,8% y el Nasdaq cayó un 0,7%.
Un petróleo más caro eleva la presión sobre la inflación y complica el margen de actuación de la Reserva Federal. El encarecimiento de la energía puede trasladarse a los precios y dificultar la respuesta del banco central, especialmente en un momento en el que el mercado sigue pendiente del nivel de los tipos de interés.
La decisión de la Reserva Federal, en el centro de la semana
La Reserva Federal se reúne esta semana para decidir sobre los tipos de interés correspondientes a septiembre. Según CME FedWatch, el mercado asigna alrededor de un 86% de probabilidad a una subida.
La combinación de inflación y petróleo deja a la institución ante un escenario delicado. Un aumento de los tipos para contener el impacto energético podría intensificar la presión sobre las acciones y el consumo. Si el problema se concentra principalmente en los tipos a largo plazo, las consecuencias se trasladarían a las valoraciones bursátiles, las hipotecas y los costes de financiación.











