La probabilidad de que la Reserva Federal de Estados Unidos suba los tipos de interés en septiembre ha superado el 50% tras el discurso de su presidente, Kevin Warsh, en Jackson Hole. Antes de su intervención, los futuros sobre tipos situaban esa posibilidad en torno al 35%.
Warsh no anticipó una decisión concreta para la próxima reunión, pero dejó claro que el banco central está dispuesto a endurecer su política monetaria si la inflación continúa por encima de una trayectoria compatible con el objetivo del 2%. Los mercados interpretaron sus palabras como una señal de que una nueva subida vuelve a estar sobre la mesa.
La inflación de agosto será la referencia decisiva
Los próximos datos de precios en Estados Unidos tendrán un peso especial en la decisión. La inflación correspondiente a agosto se publicará el 11 de septiembre, pocos días antes de la reunión del Comité Federal de Mercado Abierto, prevista para el 15 y el 16 de ese mes.
La evolución de la inflación subyacente será especialmente relevante. Durante su intervención, Warsh sostuvo que la Fed necesita comprobar que esta medida avanza con claridad y a un ritmo suficiente hacia el 2%. Si no se produce ese avance, afirmó, el banco central todavía tendrá trabajo por hacer.
Una caída de la inflación más intensa de lo previsto podría reducir la presión para elevar los tipos. Por el contrario, unos datos que muestren una moderación insuficiente reforzarían las expectativas de endurecimiento monetario.
Los analistas de Barclays y Société Générale contemplan una subida de 0,25 puntos porcentuales en septiembre. Sus previsiones también apuntan a una segunda subida en diciembre, aunque ambas decisiones dependerían de la información económica que vaya conociendo la Reserva Federal.
Warsh considera que las condiciones financieras aún no son restrictivas
Uno de los elementos centrales del discurso fue la valoración de que los tipos actuales todavía no ejercen suficiente presión sobre la economía. En opinión de Warsh, las condiciones financieras no son restrictivas en este momento, lo que implica que la política monetaria aún no estaría enfriando la actividad lo bastante como para devolver la inflación al objetivo de forma convincente.
El presidente de la Fed mantuvo, además, el objetivo de inflación del 2% como una referencia inalterada. Esta posición contrasta con la incertidumbre generada en julio, cuando algunas de sus declaraciones fueron interpretadas como una posible apertura a modificar ese objetivo.
El escenario inflacionista sigue condicionado por el encarecimiento de la energía. A ello se suma el aumento de la demanda asociado a las grandes inversiones en inteligencia artificial, que está impulsando el consumo de chips, centros de datos y energía, entre otros recursos.
La decisión llega en un contexto de presión política
Una subida de tipos podría abrir un nuevo frente entre Warsh y Donald Trump. El presidente estadounidense fue quien lo nombró, pero defiende unos costes de financiación más bajos y una política monetaria menos restrictiva. La reunión de septiembre tendrá lugar, además, menos de dos meses antes de las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos.
Warsh ha recibido respaldo fuera de la institución. Andrew Bailey, gobernador del Banco de Inglaterra, calificó su discurso de sólido en términos de contenido, mientras que Kristalina Georgieva, directora gerente del Fondo Monetario Internacional, destacó su compromiso con devolver la inflación al 2%.
Dentro de la propia Reserva Federal, sin embargo, el consenso todavía no es completo. En la reunión de julio, varios responsables ya votaron a favor de subir los tipos y otros señalaron que esa medida podría ser necesaria si la inflación no se modera lo suficiente. Por eso, el informe del 11 de septiembre se perfila como la pieza que puede determinar si la Fed reúne apoyos para aprobar la primera subida de tipos de Warsh como presidente.










