Marine Le Pen quiere llevar el déficit público francés al 3,7% del producto interior bruto el próximo año, frente al objetivo del 5% fijado por el Gobierno actual. Su propuesta contempla una reducción posterior hasta el 2,2% en 2032 y llega acompañada de una petición al Banco Central Europeo (BCE) para que contribuya a aliviar los costes de financiación de los países de la eurozona.
La candidata a la presidencia ha situado así las cuentas públicas y el coste de la deuda en el centro de su campaña, en un momento de creciente desconfianza de los mercados hacia Francia. Los intereses que paga el país por endeudarse han aumentado, mientras la incertidumbre política dificulta que el Gobierno en minoría pueda aprobar nuevas medidas con rapidez.
Un ajuste más rápido y basado en el gasto
Le Pen sostiene que la reducción del déficit debe ser mucho más intensa que la prevista por el Ejecutivo. A su juicio, un ajuste de esta magnitud serviría para recuperar la confianza de los inversores y demostrar que el deterioro de las cuentas públicas ha terminado.
Una parte importante del plan descansaría en recortes del gasto. Entre las medidas planteadas figura una reducción de las aportaciones de Francia a la Unión Europea y del presupuesto destinado a inmigración. La propuesta va más allá de los últimos intentos de los Gobiernos franceses para contener el déficit.
El Ejecutivo ya ha incluido nuevas medidas de ajuste por valor de 43.000 millones de euros en su proyecto presupuestario para el próximo año. Al sumar las iniciativas anunciadas con anterioridad, el recorte total asciende a 54.000 millones. El paquete afecta, entre otros ámbitos, a las pensiones, las prestaciones sociales, las bajas por enfermedad financiadas por el Estado y el tamaño de la plantilla de funcionarios.
El plan de Le Pen ha recibido críticas desde la izquierda. Jean-Luc Mélenchon la acusó de buscar el respaldo de los especuladores y advirtió de que sus políticas podrían paralizar la economía y terminar elevando tanto el déficit como la deuda pública.
La petición al BCE choca con sus límites
La candidata también reclama una intervención del BCE para que los países europeos dispongan de más margen financiero con el que invertir en defensa, tecnología y soberanía. Según su planteamiento, esa actuación permitiría liberar decenas de miles de millones de euros en Europa. Le Pen defiende además condiciones de financiación favorables para proyectos relacionados con el clima.
La propuesta se enfrenta, sin embargo, a las restricciones que rigen la política monetaria europea. El BCE no puede financiar directamente a los Gobiernos y sus intervenciones en el mercado de bonos están sometidas a condiciones estrictas. Precisamente el mercado de deuda concentra ahora una parte central de la presión sobre Francia.
El diferencial de rentabilidad entre los bonos soberanos franceses y alemanes superó la semana pasada los 150 puntos básicos, un nivel que no se alcanzaba desde la crisis de deuda europea. El martes, la prima se moderó tres puntos básicos, hasta situarse alrededor de los 133 puntos, después de haber rondado un máximo reciente de 160 puntos básicos.
La campaña económica encara un mercado pendiente de Francia
El encarecimiento de la financiación supone una dificultad añadida para un país que no ha logrado cumplir su anterior objetivo de reducción del déficit. A la debilidad parlamentaria del Gobierno se suma la proximidad de las elecciones presidenciales, cuya primera vuelta está prevista para abril. Le Pen mantiene una amplia ventaja en las encuestas, aunque hasta ahora se conocían pocos detalles de su programa económico.
En campañas anteriores, sus propuestas provocaron inquietud entre los inversores. Entonces defendía, entre otras medidas, la salida de Francia del euro, una posición que posteriormente ha moderado. La semana pasada presentó una regla fiscal que obligaría a los futuros Gobiernos a elaborar planes para reducir la deuda pública.
Al mismo tiempo, su programa conserva compromisos de elevado coste, como la rebaja del impuesto sobre los carburantes y la posibilidad de que determinados trabajadores se jubilen a partir de los 60 años. La combinación entre recortes acelerados, promesas electorales y una eventual ayuda del BCE será uno de los principales focos de atención de los mercados durante la campaña.










