Europa corre el riesgo de repetir con la inteligencia artificial el mismo error que, a juicio de Louis Mosley, cometió con internet: esperar demasiado mientras Estados Unidos construía las compañías que acabarían dominando la economía digital. El máximo responsable de Palantir Technologies (PLTR) para Reino Unido y Europa sostiene que esa cautela puede ampliar la brecha económica entre ambas regiones.
“Europa perdió el tren” con internet, afirmó Mosley en una entrevista con CoinDesk. Su argumento parte de una comparación histórica: hace dos décadas, Estados Unidos y Europa estaban prácticamente igualados tanto en riqueza por habitante como en el tamaño de sus mayores empresas. Desde entonces, la economía estadounidense ha seguido creciendo, mientras que Europa apenas ha avanzado.
Una brecha de inversión que se amplía
Los datos de financiación reflejan la distancia. Según el AI Index de la Universidad de Stanford, Estados Unidos recibió el año pasado alrededor de 286.000 millones de dólares en inversiones relacionadas con la IA. En Europa, la cifra se situó en unos 21.000 millones, casi catorce veces menos.
La diferencia también aparece en los planes de las grandes tecnológicas. Microsoft, Alphabet, Amazon y Meta prevén invertir este año, en conjunto, unos 725.000 millones de dólares, principalmente en centros de datos y chips. Ninguna empresa tecnológica europea cuenta con una capacidad de gasto comparable.
Para Mosley, el problema no es solo la falta de capital, sino la actitud de muchas compañías europeas ante una tecnología todavía nueva. La lógica dominante, según su descripción, es esperar porque la IA puede entrañar riesgos. Mientras tanto, las empresas estadounidenses la están incorporando a gran escala.
El directivo considera que solo ASML, el fabricante europeo de equipos para producir chips, se ha convertido en un gigante tecnológico comparable. “Eso demuestra que el valor está en la tecnología”, señaló.
Costes energéticos, capital fragmentado y regulación
Mario Draghi, expresidente del Banco Central Europeo, apuntó en 2024 a varios obstáculos estructurales para las empresas europeas. Entre ellos figura el coste de la electricidad, que para las compañías de la región puede ser entre dos y tres veces superior al de sus competidoras estadounidenses. La diferencia resulta especialmente relevante en la IA, cuyos centros de datos requieren grandes cantidades de energía.
El mercado de capitales europeo también está dividido entre 27 países. Esa fragmentación dificulta que las empresas tecnológicas jóvenes consigan la financiación necesaria para crecer con rapidez y competir en un sector dominado por inversiones de gran escala.
La regulación añade otro elemento al debate. El Reglamento europeo de Inteligencia Artificial está en vigor desde 2024 y establece requisitos estrictos para las aplicaciones consideradas de alto riesgo. Bruselas decidió este año retrasar las normas más exigentes hasta finales de 2027. En Estados Unidos, la Administración de Donald Trump eliminó el año pasado las reglas sobre IA aprobadas por su predecesor, Joe Biden, y ha optado por reducir las restricciones al sector.
La oportunidad comercial de Palantir
El diagnóstico de Mosley coincide con los intereses de Palantir. La compañía vende una plataforma basada en una “ontología”, un mapa digital que conecta los datos de una organización. Sobre esa estructura, empresas y administraciones pueden desplegar modelos de lenguaje y agentes de IA capaces de ejecutar tareas de forma autónoma en áreas como la sanidad, la industria o la defensa.
Desde su salida a bolsa en 2020, Palantir se ha convertido en uno de los valores vinculados a la IA más seguidos por los inversores particulares y forma parte del S&P 500. Mosley describe a la empresa como “el indicador más directo en los mercados bursátiles del ritmo de adopción de la IA en una economía”. Esa afirmación también funciona como una defensa de su propio negocio: una Europa que retrasa la adopción puede convertirse en un mercado para soluciones listas para utilizar.
La compañía, sin embargo, encuentra resistencia política en la región. Palantir suministró software de vigilancia al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE) durante la presidencia de Trump y proporcionó sistemas de selección de objetivos a las Fuerzas de Defensa de Israel. Activistas británicos se oponen por ello a su uso en el Servicio Nacional de Salud (NHS).
Mosley atribuye buena parte del rechazo a los contratos de Palantir con la Administración Trump y las fuerzas israelíes, y sostiene que ese debate puede desviar la atención de los posibles usos de la IA en los servicios públicos. Para el directivo, el mayor riesgo es que los políticos no expliquen a los ciudadanos qué beneficios puede aportar la tecnología. Palantir cuenta actualmente con unos 1.000 clientes y, según Mosley, todavía se encuentra en una etapa inicial de expansión.











