Los inversores privados extranjeros vendieron en julio 29.100 millones de dólares en notas y bonos del Tesoro estadounidense, pese a que aumentaron sus compras de letras. El movimiento apunta a una preferencia por activos de muy corto plazo y mantiene bajo presión la deuda con vencimientos más largos, cuyas rentabilidades sirven de referencia para las condiciones de financiación y pueden complicar el próximo tramo alcista de Bitcoin.
Más demanda de letras, pero salida de la deuda larga
Los residentes extranjeros adquirieron en términos netos 38.800 millones de dólares en letras del Tesoro durante julio, después de haber vendido 29.000 millones en junio, según los datos publicados por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos. Sin embargo, el detalle de las operaciones ofrece una imagen mucho menos favorable para el conjunto del mercado de deuda.
Los inversores privados extranjeros compraron 45.000 millones de dólares en letras, pero se deshicieron de 29.100 millones en notas y bonos del Tesoro. Las letras vencen en menos de un año, mientras que las notas tienen vencimientos de entre dos y diez años y los bonos, de entre 20 y 30 años.
Las instituciones oficiales extranjeras siguieron una dirección distinta: vendieron 6.300 millones de dólares en letras y compraron 25.500 millones en notas y bonos. Esa demanda pública compensó buena parte de las ventas privadas de deuda de mayor duración, aunque el flujo conjunto hacia notas y bonos terminó siendo ligeramente negativo.
La diferencia ayuda a interpretar el dato general de entradas de capital. El flujo TIC, que recoge operaciones transfronterizas de cartera y movimientos bancarios, reflejó una entrada bruta de 83.700 millones de dólares. No obstante, después de descontar las compras estadounidenses de activos extranjeros y otros ajustes, la adquisición neta de valores de largo plazo fue negativa en 27.900 millones de dólares.
Las rentabilidades largas siguen elevadas
La evolución de los tipos durante julio encajó con esa tensión entre la deuda de corto y la de largo plazo. La rentabilidad del bono estadounidense a diez años pasó del 4,48% al 4,75% entre el primer y el último día de negociación del mes. En el tramo a 30 años, avanzó del 4,97% al 5,27%. En cambio, el tipo a tres meses apenas bajó, del 3,85% al 3,83%.
La curva seguía mostrando una diferencia amplia el 16 de septiembre de 2026: el tipo a un mes se situaba en el 3,96%, frente al 5,01% del bono a diez años. Esa brecha de 1,05 puntos porcentuales refleja que el coste de financiarse a plazos largos continúa siendo elevado.
Los datos de flujos de julio y la curva observada en septiembre son hechos separados. No permiten afirmar que las ventas de los inversores privados provocaran por sí solas el repunte de las rentabilidades. La propia información del Tesoro advierte además de que los datos mensuales sobre tenencias de largo plazo se basan principalmente en registros de custodia, lo que puede dificultar la identificación del país del propietario final. La serie tampoco está ajustada por estacionalidad y excluye la inversión directa.
El canal de transmisión hacia Bitcoin
La presión sobre los vencimientos largos importa para Bitcoin porque los rendimientos del Tesoro forman parte del entorno financiero con el que compiten los activos digitales. Una rentabilidad libre de riesgo más alta eleva el coste de oportunidad de mantener un activo que no genera intereses. Al mismo tiempo, unas condiciones crediticias más restrictivas pueden reducir el capital disponible para los activos de riesgo.
La Reserva Federal ha señalado que la demanda extranjera es uno de los factores que pueden influir en las primas por plazo de la deuda pública, aunque la relación es endógena y un solo mes de operaciones no permite atribuir un movimiento concreto de los tipos a esos flujos. Por la misma razón, los datos de julio no demuestran que hayan determinado la evolución de Bitcoin en septiembre.
La señal más clara de una mejora para la deuda de mayor duración sería que los inversores privados extranjeros volvieran a comprar notas y bonos de forma sostenida, al mismo tiempo que descendieran las rentabilidades largas. Otro mes de compras concentradas en letras, por sí solo, no bastaría para confirmar ese cambio.










