Michael Saylor no ve a Strive como una amenaza para Strategy, pese a que ambas empresas siguen una estrategia similar: captar capital en los mercados para comprar Bitcoin y mantenerlo en el balance. El presidente de Strategy considera que cada adquisición de su competidor puede reforzar la demanda de un activo cuya oferta máxima es fija y, con ello, elevar el valor de las reservas de su propia compañía.
La competencia como fuente de demanda
Strategy posee 847.666 bitcoins, una cifra que la sitúa con diferencia como la empresa cotizada con mayores reservas de la criptomoneda. Strive, que aplica un modelo parecido, ocupa el quinto puesto con 27.462 BTC, según los datos recogidos por Bitcoin Treasuries.
La lógica de Saylor parte de la escasez de Bitcoin. Si varias compañías utilizan el capital de sus inversores para retirar monedas del mercado, la demanda agregada puede aumentar. En ese escenario, una subida del precio de Bitcoin elevaría también el valor de los activos que Strategy mantiene en su balance.
“Cada Bitcoin que compran” sus competidores beneficia a Strategy, resume el razonamiento del ejecutivo. Por eso, Saylor afirma que desea que Strive tenga éxito y que prospere cualquier emisor bien gestionado de lo que denomina crédito digital respaldado por Bitcoin.
En una publicación difundida el 30 de septiembre de 2026, Saylor señaló que Strategy y Strive comparten una base vinculada a Bitcoin. A su juicio, una adopción más amplia puede fortalecer los balances, reducir los costes de crédito y ampliar las valoraciones de las acciones.
Un competidor que también invierte en Strategy
La relación entre las dos compañías no se limita a la competencia. En marzo, Strive compró acciones STRC de Strategy por un importe de 50 millones de dólares. Estos títulos forman parte de la oferta con la que Strategy busca proporcionar ingresos periódicos a los inversores mediante el pago de intereses.
Strive cuenta con un producto similar, denominado SATA. Para Saylor, la existencia de varios emisores puede contribuir a crear un mercado más amplio, reforzar la confianza de los inversores y reducir con el tiempo los costes de financiación de las empresas que participan en él.
La tesis, por tanto, no consiste únicamente en que Strive compre Bitcoin. También contempla la expansión de un ecosistema de productos financieros vinculados a la criptomoneda. Cuantos más emisores logren operar de forma sólida, mayor podría ser el mercado disponible para captar capital.
El modelo depende de los mercados de capitales
El esquema tiene, sin embargo, un punto débil evidente: Bitcoin no genera intereses por sí mismo, mientras que las empresas que emiten determinados títulos prometen pagos a sus inversores. Para cumplir esas obligaciones deben recurrir a los flujos de caja existentes, a nuevas emisiones de acciones o a otras vías de financiación.
El caso de Strive ilustra esa dependencia. La compañía financió aproximadamente el 85% de su última compra de bitcoins mediante la emisión de acciones SATA. El modelo necesita, por tanto, mantener el acceso a los mercados de capitales y conservar la confianza de los inversores.
Esa confianza no está garantizada. Un estudio reciente de DWF Ventures concluyó que solo cuatro de las veinte mayores empresas con tesorerías en criptomonedas cotizan por encima del valor de los criptoactivos que poseen. La tenencia de Bitcoin ya no implica automáticamente una prima bursátil.
El propio Saylor reconoce que una empresa con una tesorería en criptomonedas mal gestionada podría dañar la percepción de todo el sector si atraviesa dificultades. De ahí su interés en que Strive y otros participantes demuestren que el modelo puede funcionar. Para Strategy, una competencia sólida no solo valida la estrategia: también puede ampliar las opciones de financiación necesarias para seguir acumulando Bitcoin.












