La política comercial de Donald Trump ha debilitado la confianza de Europa en Estados Unidos y está llevando a gobiernos y empresas a revisar su dependencia de la tecnología estadounidense. Así lo afirma Gary Shapiro, consejero delegado de la Consumer Technology Association (CTA), la organización responsable de la feria CES, que también advierte del riesgo de que la búsqueda de soberanía digital termine convirtiéndose en proteccionismo.
Europa revisa su dependencia de la tecnología estadounidense
El debate sobre la autonomía digital europea no es nuevo, pero la política de Trump lo ha intensificado. Shapiro cita los aranceles estadounidenses a las importaciones y las preocupaciones europeas sobre privacidad y seguridad nacional como factores que han deteriorado la relación entre ambas partes.
“Estados Unidos ha perdido parte de la confianza, y la confianza es importante en las relaciones”, afirmó Shapiro en declaraciones a BNR. El directivo también aludió a la incertidumbre sobre hasta qué punto el Gobierno estadounidense puede acceder a datos europeos. En ese contexto, considera comprensible que los gobiernos y las empresas del continente estén analizando con más cautela el uso de servicios en la nube estadounidenses.
Por ahora, sin embargo, el impacto comercial sobre las grandes tecnológicas de Estados Unidos parece limitado. Según Shapiro, los principales proveedores estadounidenses de servicios en la nube han mantenido la mayor parte de sus contratos y su posición de mercado en Europa.
El responsable de la CTA pide que la soberanía digital no se utilice para favorecer de forma sistemática a las compañías europeas frente a sus competidoras extranjeras. En su opinión, esa estrategia podría acercar el debate a posiciones proteccionistas. “La regulación no es mala”, sostiene, siempre que las normas sean claras, uniformes y previsibles.
Aranceles y una relación marcada por la tensión
Shapiro espera que Europa y Estados Unidos mantengan a largo plazo una cooperación estrecha, pese al deterioro actual. Describe la situación como una relación en la que ambas partes intercambian reproches duros.
La propia CTA se ha opuesto públicamente a los aranceles estadounidenses a las importaciones. La organización presentó el caso ante el Tribunal Supremo junto con la Cámara de Comercio de Estados Unidos. Shapiro asegura que el tribunal está siguiendo en ese procedimiento la línea jurídica defendida por ambas entidades.
El directivo también reivindica el peso de las grandes tecnológicas en la economía estadounidense, aunque reconoce que Europa puede ofrecer algunas lecciones regulatorias. Las empresas de Estados Unidos deben desenvolverse con normas diferentes en cincuenta estados, mientras que la Unión Europea dispone de un marco más amplio y unificado.
Europa cuenta con talento, pero le cuesta escalar
La principal ventaja de Estados Unidos, según Shapiro, está en la capacidad de sus empresas tecnológicas para crecer y convertirse en compañías internacionales. Sus estimaciones apuntan a que el país cuenta con entre cinco y seis veces más unicornios que Europa, en referencia a las empresas jóvenes valoradas en al menos 1.000 millones de dólares.
El consejero delegado de la CTA atribuye esa diferencia al acceso más sencillo al capital y a unos mayores incentivos para escalar con rapidez. Europa, a su juicio, dispone de talento técnico suficiente, pero afronta más dificultades en la financiación y en la fragmentación de su mercado interior.
La próxima edición de CES reflejará también esa dimensión internacional. La organización espera la participación de unas cuarenta startups neerlandesas y prevé alrededor de 150.000 visitantes, entre ellos 10.000 inversores y 7.000 periodistas y analistas. Aproximadamente un tercio llegará de fuera de Estados Unidos.
Shapiro pone como ejemplo el sector neerlandés de los chips, donde las empresas estadounidenses y europeas mantienen una fuerte interdependencia. “Si atacamos a las empresas de los demás, probablemente no sea algo bueno”, afirma. Para el directivo, la cooperación en comercio y tecnología sigue siendo una vía para evitar que la distancia política entre Europa y Estados Unidos se amplíe.










