Donald Trump sostiene que el estrecho de Ormuz ha dejado de ser el principal responsable de los elevados precios de la gasolina en Estados Unidos y que el foco debe ponerse ahora en las refinerías. Su diagnóstico recoge una parte de lo que está ocurriendo, pero deja fuera un riesgo que el mercado de petróleo todavía considera relevante: la tensión en una de las principales rutas energéticas del mundo.
Más petróleo desde Oriente Próximo, pero con Ormuz bajo presión
El argumento del presidente estadounidense se apoya en la recuperación de las exportaciones de crudo de Oriente Próximo. Según los datos de Kpler, los envíos alcanzaron una media de 18,5 millones de barriles diarios en la semana hasta el 1 de octubre. La cifra incluso superó el nivel registrado antes de la guerra.
Ese aumento apunta a que el flujo físico de petróleo no se ha interrumpido de la manera que algunos escenarios de riesgo podían anticipar. Sin embargo, la normalización de las exportaciones no equivale a que el estrecho de Ormuz haya dejado de influir en el mercado.
El lunes, otro petrolero sufrió un ataque en la zona, que provocó un incendio en la sala de máquinas. Además, el organismo británico de seguridad marítima UKMTO ha comunicado diez incidentes desde el 1 de octubre. Estos episodios mantienen la presión sobre las compañías navieras y sobre los costes asociados al transporte.
El precio del crudo también refleja que los riesgos geopolíticos siguen incorporando una prima. Antes del estallido de la guerra, el petróleo WTI cotizaba alrededor de los 66 dólares por barril. El lunes cerró cerca de los 91,57 dólares. En el caso del Brent, el avance fue desde unos 67 dólares hasta 104 dólares por barril.
El refino añade tensión al mercado de combustibles
Trump sí identifica otro factor relevante: la menor disponibilidad de capacidad de refino. La Agencia Internacional de la Energía calcula que la producción rusa de diésel ha disminuido casi un 30% como consecuencia de los ataques ucranianos contra refinerías del país. Rusia, además, ha prohibido temporalmente a sus productores exportar diésel.
Estados Unidos también ha perdido capacidad industrial. Dos refinerías cerradas en California procesaban conjuntamente unos 284.000 barriles diarios. El volumen equivale a menos del 2% de la capacidad total estadounidense, pero una reducción relativamente limitada puede tener un efecto significativo cuando la oferta disponible ya es ajustada.
La evolución del precio mayorista de la gasolina encaja con esa presión sobre el refino. El galón pasó de unos 2,30 dólares antes de la guerra a aproximadamente 3,20 dólares. El dato no permite atribuir el movimiento a una sola causa, pero sí muestra que el mercado de productos refinados está soportando un ajuste importante.
Dos factores que operan al mismo tiempo
La situación no puede resumirse en una disyuntiva entre Ormuz y las refinerías. La recuperación de las exportaciones de Oriente Próximo reduce parte de la presión sobre el suministro de crudo, mientras que los daños en instalaciones rusas y los cierres en California restringen la producción de combustibles como la gasolina y el diésel.
Al mismo tiempo, los ataques a petroleros, el encarecimiento de los seguros y los posibles desvíos de las rutas marítimas mantienen elevado el coste de utilizar el estrecho. Aunque el flujo de barriles se haya recuperado, los operadores siguen incorporando el riesgo de interrupciones y de mayores costes logísticos.
Por eso, la afirmación de Trump es solo parcialmente correcta. El refino pesa más en la formación de los precios de los combustibles, pero Ormuz continúa siendo un factor determinante para el petróleo y para la prima de riesgo del transporte. En el mercado actual, ambos elementos están contribuyendo a sostener la tensión.











