Estados Unidos estudia emplear la GBU-43/B Massive Ordnance Air Blast (MOAB), conocida como la «madre de todas las bombas», en nuevas operaciones contra Irán, según CNN. La opción forma parte de unos planes militares que incluyen objetivos del sector energético y posibles instalaciones vinculadas al programa nuclear iraní, aunque fuentes conocedoras de la planificación dudan de que el arma pueda destruir los principales objetivos subterráneos.
El debate se produce después de más de siete meses de guerra y en un momento de creciente presión política y económica para Donald Trump. El presidente estadounidense prometió un conflicto rápido, pero la prolongación de los combates ha elevado el coste político de la operación. Además, el petróleo Brent se mantiene desde hace tiempo por encima de los 100 dólares por barril, una situación que amenaza con trasladar más presión a la economía y a los mercados financieros.
Una opción militar de gran impacto, pero limitada contra objetivos profundos
Trump ha encargado al Ejército la elaboración de nuevos planes de ataque contra Irán. Entre las alternativas figura el uso de la MOAB contra instalaciones como Pickaxe Mountain, una montaña en la que Estados Unidos e Israel sostienen que Teherán ha almacenado componentes de su programa nuclear.
La bomba pesa unos 9.800 kilos y detona sobre la superficie, lo que permite que su onda expansiva se extienda en todas direcciones. Según las fuentes citadas por CNN, puede arrasar un área equivalente a nueve manzanas. Su capacidad destructiva, sin embargo, no implica que sea adecuada para penetrar estructuras profundamente enterradas.
Pickaxe Mountain estaría protegida por varias capas de granito, unas defensas que probablemente la MOAB no podría atravesar. Una fuente involucrada en la planificación militar explicó a CNN que el arma tiene un enorme valor para las operaciones de información y resulta eficaz para destruir grandes superficies, pero que no está diseñada para alcanzar objetivos a gran profundidad.
La MOAB fue desarrollada por el Ejército durante la guerra de Irak. Su función original estaba ligada también a la guerra psicológica: la magnitud de la explosión pretendía intimidar a las tropas enemigas y favorecer su rendición.
La presión del petróleo y las elecciones de mitad de mandato
La Casa Blanca no ha confirmado que vaya a utilizar la bomba. Su posición pública es que Trump mantiene todas las opciones abiertas para impedir que Irán llegue a disponer de un arma nuclear. El presidente afirmó el jueves de la semana pasada que no lanzaría nuevos ataques antes de las elecciones, aunque sus asesores no tendrían claro, según CNN, si ese compromiso es definitivo.
La incertidumbre coincide con los preparativos republicanos para las elecciones de mitad de mandato del 3 de noviembre. Tras meses de bombardeos, la guerra se ha vuelto impopular, mientras el encarecimiento del crudo eleva el riesgo de nuevas tensiones económicas. La inflación subyacente de Estados Unidos, que excluye energía y alimentos, superó ligeramente las previsiones y provocó fuertes descensos en los mercados financieros, según la información de referencia.
Irán también ha incrementado la presión sobre el suministro energético. Dos responsables iraníes dijeron esta semana a Reuters que el país está intensificando los ataques contra buques en las inmediaciones del estrecho de Ormuz para evitar que el precio del petróleo baje antes de las elecciones. Los rebeldes hutíes de Yemen, respaldados por Irán, también han aumentado su actividad. El martes, uno de sus misiles alcanzó la sede de Saudi Aramco.
Una posible salida simbólica del conflicto
Según una fuente citada en la información, el Pentágono ha diseñado opciones que equivaldrían a un «espectáculo de fuegos artificiales». El propósito sería ofrecer a Trump una forma de declarar la victoria y retirar las tropas, incluso si los ataques no alcanzan los objetivos iniciales de la guerra.
Uno de los escenarios contempla lanzar la MOAB poco antes de la retirada estadounidense de la zona de operaciones del CENTCOM, el mando militar responsable de Oriente Próximo. Esa retirada podría comenzar antes de lo previsto: en las próximas semanas está programado un relevo de tropas en la región y parte de los efectivos que abandonen la zona podría no ser reemplazada.
Al mismo tiempo, un tercer portaaviones estadounidense se dirige hacia Oriente Próximo y podría llegar a finales de octubre, algo más de una semana antes de las elecciones. La combinación de ese despliegue, los nuevos planes de ataque y la presión sobre el petróleo mantiene abierta la posibilidad de una escalada, aunque todavía no existe confirmación pública de que Trump haya decidido emplear la bomba.










