Los bancos centrales europeos quieren retirar la obligación de que los emisores de determinadas stablecoins mantengan una parte de sus reservas en depósitos de bancos comerciales. La recomendación, atribuida por Reuters al Sistema Europeo de Bancos Centrales —formado por el Banco Central Europeo (BCE) y los bancos centrales nacionales de la Unión Europea—, plantea sustituir ese requisito por unos porcentajes mínimos de activos con vencimientos muy cortos.
La propuesta afecta al marco regulatorio establecido por el reglamento europeo sobre mercados de criptoactivos (MiCA). En la actualidad, las stablecoins emitidas por entidades de dinero electrónico deben mantener al menos un 30% de sus reservas en depósitos bancarios comerciales. El porcentaje sube al 60% cuando se trata de tokens significativos.
El cambio no entraría en vigor de forma automática. Para eliminar esos mínimos sería necesario modificar MiCA mediante el procedimiento legislativo de la Unión Europea. Hasta entonces, las exigencias actuales seguirán siendo el marco operativo para los emisores.
Un vínculo entre las reservas y el riesgo bancario
El debate gira en torno a la función de los depósitos dentro de las reservas de una stablecoin. El dinero que respalda el token y debe estar disponible para atender los reembolsos de los usuarios se convierte, al mismo tiempo, en financiación para el banco que lo custodia.
Ese vínculo puede transmitir tensiones en ambas direcciones. Si un banco quiebra, los titulares de la stablecoin pueden poner en duda que las reservas estén disponibles o mantengan la calidad esperada. El BCE ya había explicado este riesgo en un discurso de junio. La pérdida de la paridad de USDC en marzo de 2023, cuando parte de sus fondos estaban depositados en Silicon Valley Bank, se cita como un ejemplo de esa exposición.
Pero también puede ocurrir lo contrario. Una oleada de reembolsos obligaría al emisor a retirar grandes cantidades de dinero de sus bancos para devolverlas a los titulares. En ese escenario, los depósitos destinados a respaldar los tokens podrían desaparecer rápidamente del balance bancario, justo cuando la confianza en el sistema financiero se debilita.
La recomendación europea buscaría concentrar la protección en reservas de vencimiento corto, con activos que lleguen a su vencimiento en uno y cinco días laborables. No se trata, por tanto, de abandonar las exigencias de liquidez, sino de cambiar el lugar y la naturaleza de los activos que deben sostener los reembolsos.
El modelo británico excluye a los bancos comerciales
La orientación europea acerca parcialmente su marco al enfoque que está desarrollando Reino Unido, aunque ambos modelos no son idénticos. El Banco de Inglaterra ha descartado que las reservas de las stablecoins sistémicas denominadas en libras se apoyen en depósitos de bancos comerciales, debido a los riesgos financieros, operativos y de contagio que atribuye a esa estructura.
Su política de junio contempla que, en el régimen permanente, hasta el 70% de las reservas pueda estar invertido en deuda pública británica a corto plazo, con un vencimiento máximo de seis meses. El 30% restante se mantendría en depósitos del banco central, que no generan intereses. Los emisores considerados sistémicos al inicio podrían mantener temporalmente hasta un 95% en deuda pública mientras amplían su actividad.
La consulta del Banco de Inglaterra sobre el código de conducta para estas stablecoins terminaba el 22 de septiembre. La institución prevé finalizarlo antes de que termine 2026. El régimen británico también incluye reservas para cubrir riesgos financieros y contempla un mecanismo de liquidez del banco central.
La comparación pone de relieve una tensión central para los reguladores. Mantener efectivo en bancos comerciales facilita atender reembolsos elevados sin vender de inmediato deuda pública, pero introduce una exposición directa al riesgo bancario. Prescindir de esos depósitos reduce ese vínculo, aunque puede obligar a vender o financiar valores cuando aumentan las retiradas. Incluso los activos de vencimiento corto pueden sufrir variaciones de valor o resultar más difíciles de convertir en efectivo en momentos de estrés.












