El repunte de Bitcoin por encima de los 85.000 dólares afronta un nuevo obstáculo en Estados Unidos: el aumento de los costes que comunicaron los fabricantes en septiembre puede reforzar las expectativas de tipos de interés más altos, justo antes de la publicación del informe de empleo del país.
El índice de precios manufactureros del Institute for Supply Management (ISM) subió a 77,9 puntos en septiembre, frente a los 71,1 de agosto. El avance fue de 6,8 puntos y coincidió con una actividad industrial todavía expansiva. El índice PMI manufacturero alcanzó los 54,5 puntos, mientras que el de nuevos pedidos se situó en 55,3 y el de empleo, en 52,7.
Más presión sobre los costes mientras la industria sigue creciendo
El dato de precios no representa una inflación del 77,9%. Se trata de un índice de difusión que mide hasta qué punto se extienden las subidas mensuales de costes entre las empresas encuestadas. En septiembre, el 58,6% de los participantes declaró haber registrado aumentos en los precios de los insumos, frente al 46,2% de agosto.
La metodología del ISM suma las respuestas que apuntan a precios más altos y la mitad de las que señalan que no hubo cambios. Por eso, la lectura debe interpretarse como una medida de la amplitud de las presiones sobre los costes, no como una tasa de inflación.
La combinación de una industria que mantiene el crecimiento y unos precios de producción más extendidos complica el argumento a favor de una bajada de tipos. Para los mercados, el foco estará ahora en si estas señales se reflejan en unas expectativas de política monetaria más restrictivas.
El canal de los tipos llega a la financiación y al dólar
La Reserva Federal ya elevó el 16 de septiembre en un cuarto de punto porcentual su rango objetivo, hasta el 3,75%-4%. El 29 de septiembre, el presidente de la Reserva Federal de Nueva York, John Williams, afirmó que podría ser apropiado aplicar otra subida a finales de año si la economía evoluciona en líneas generales como prevé. Williams planteó esa posibilidad de forma condicional y añadió que todavía no había pruebas de que los shocks de precios identificados se hubieran trasladado a una inflación más amplia y persistente.
Una política monetaria más restrictiva puede afectar a Bitcoin por dos vías. Por un lado, encarece la financiación y puede reducir el atractivo de asumir riesgos mediante dinero prestado. Por otro, eleva potencialmente la rentabilidad de los activos denominados en dólares que pagan intereses, aumentando el rendimiento que algunos inversores exigirían para mantener exposición a Bitcoin.
El efecto dependerá, por tanto, de cómo reaccionen los tipos a corto plazo y las expectativas sobre las próximas decisiones de la Reserva Federal. Si bajan los rendimientos de las letras del Tesoro o las previsiones de tipos oficiales, esa presión se debilitaría. Si ocurre lo contrario, el entorno financiero podría convertirse en un freno más firme para el avance de la criptomoneda.
El informe de empleo será la siguiente prueba
La Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos tiene previsto publicar el informe de empleo de septiembre el 2 de octubre. El componente de empleo de la encuesta manufacturera, aunque fue positivo, no sustituye a ese informe nacional, que tendrá un peso mayor en la valoración de la economía y de la política monetaria.
La reacción de Bitcoin dependerá de la lectura conjunta de los datos. Un mercado laboral que refuerce la posibilidad de tipos más altos podría presionar tanto a la financiación como a los activos digitales frente a las alternativas en dólares. Aun así, el aumento de los costes fabriles no implica por sí solo una caída de Bitcoin. Un estudio de la Reserva Federal de Nueva York publicado en febrero de 2023 no encontró una respuesta sistemática de la criptomoneda a las noticias monetarias y macroeconómicas en su muestra histórica intradía. La cuestión decisiva será si cambian las expectativas sobre los tipos y si Bitcoin responde a ese movimiento.












