El ahorro anual potencial para los inversores superaría los 100.000 millones de dólares si todo el patrimonio actualmente depositado en fondos de inversión tradicionales se trasladara a fondos cotizados (ETF) con costes medios más bajos. El cálculo, atribuido a Erik Mauritz, de De Beursfluisteraar, es teórico y no implica que vaya a producirse una migración de esas características.
Los ETF han ganado terreno frente a los fondos de inversión convencionales durante los últimos años. En 2008 captaron por primera vez más dinero nuevo que estos productos y su expansión se ha acelerado desde entonces. En Estados Unidos ya hay más fondos cotizados que acciones cotizadas, mientras que el próximo posible hito se situaría en 2027: para entonces, el mercado estadounidense podría contar con más ETF que fondos de inversión tradicionales.
Una diferencia de costes que se amplifica a escala mundial
La ventaja habitual de los ETF está relacionada con su estructura. Muchos replican automáticamente un índice de acciones o bonos, sin necesidad de una gestión activa basada en decisiones constantes del equipo gestor. Esa operativa suele traducirse en menores gastos para el inversor.
Los datos citados por Mauritz apuntan a una diferencia apreciable entre ambos formatos. Los gastos anuales medios de los ETF se situaban en el 0,172% en 2023 y han aumentado hasta aproximadamente el 0,182% en 2026. Aun así, continúan por debajo del 0,364% que, según la estimación recogida, cobran de media los fondos de inversión tradicionales.
La brecha porcentual puede parecer limitada cuando se observa una inversión individual. Sin embargo, adquiere otra dimensión al aplicarse sobre volúmenes de patrimonio muy elevados. Los fondos tradicionales gestionan unos 59 billones de dólares en todo el mundo, sin incluir los fondos monetarios, mientras que los ETF reúnen alrededor de 22,4 billones.
Si los 59 billones de dólares de los fondos tradicionales pasaran a ETF con los costes medios mencionados, el ahorro anual calculado rondaría los 107.500 millones de dólares. La cifra representa un escenario hipotético: no es una previsión sobre el comportamiento futuro de los inversores ni presupone que se produzca ese trasvase.
Más oferta no significa siempre ETF más baratos
El crecimiento del mercado de fondos cotizados tampoco garantiza que todos sus productos tengan costes reducidos. Junto a los ETF indexados más sencillos han proliferado los de gestión activa, cuyos gestores tratan de superar la rentabilidad del mercado mediante sus propias decisiones de inversión. Ese enfoque suele implicar comisiones más elevadas.
También han aumentado los ETF apalancados. Estos productos amplifican las variaciones diarias de los activos subyacentes, de modo que las ganancias y las pérdidas pueden acumularse con mayor rapidez. Por esa razón, presentan un riesgo considerablemente superior al de los fondos indexados tradicionales.
Europa avanza con cierto retraso respecto a Estados Unidos, aunque el interés por los ETF también crece en la región. La diferencia de costes podría ser incluso mayor en algunos mercados europeos, donde determinados fondos tradicionales cobran más de un 1% anual en gastos.
En Países Bajos, la comparación resulta menos precisa porque el banco central neerlandés no desglosa los ETF en sus estadísticas. Sí consta que los fondos de renta variable del país gestionaban conjuntamente unos 91.300 millones de euros en junio. Ese dato permite observar el tamaño del mercado, pero no establecer por sí solo cuánto patrimonio podría beneficiarse de una eventual sustitución por fondos cotizados.







