El rendimiento del bono del Tesoro de Estados Unidos a 10 años alcanzó el 5,31% el 5 de octubre, su nivel más alto desde mayo de 2002. La subida de los tipos de interés a largo plazo está aumentando la presión sobre bitcoin, que afronta un entorno menos favorable por el encarecimiento de la financiación, la fortaleza del dólar y una menor liquidez.
El dato procede de la serie oficial de la Reserva Federal de San Luis. El 7 de octubre, el bono cerró en el 5,28%, después de haber comenzado 2026 en niveles sustancialmente inferiores: el mínimo del año fue del 3,97%, registrado el 27 de febrero. Desde el 1 de septiembre, cuando se situaba en el 4,79%, el rendimiento ha subido medio punto porcentual.
La deuda a largo plazo concentra la presión
El movimiento no se limita al bono nominal. El título estadounidense a 10 años protegido contra la inflación ofrece un rendimiento real del 2,92%, el nivel más elevado desde noviembre de 2008. Además, la deuda a largo plazo está subiendo más que la de vencimiento corto: el bono a dos años se encuentra en el 4,77%, medio punto por debajo del título a diez años.
La diferencia suele interpretarse como una señal de que los inversores exigen una rentabilidad mayor para prestar dinero al Gobierno durante plazos más extensos. La tasa de referencia de la Reserva Federal tiene un techo del 4%, pero las minutas publicadas el 7 de octubre mostraron que la mayoría de sus miembros considera probable otra subida de tipos este año.
El petróleo añade tensión al escenario. El Brent cotiza por encima de los 100 dólares debido al conflicto entre Estados Unidos e Irán en el estrecho de Ormuz. Un crudo más caro puede alimentar la inflación y reforzar las expectativas de que la Reserva Federal mantenga una política monetaria restrictiva.
Por qué el movimiento del bono afecta a bitcoin
Un bono estadounidense que ofrece más del 5% compite directamente por el capital de los inversores. Bitcoin no genera intereses, por lo que necesita una expectativa de revalorización suficiente para compensar el atractivo creciente de la deuda pública. Al mismo tiempo, los tipos elevados encarecen la financiación de las posiciones apalancadas, un factor relevante en un mercado con una fuerte presencia de crédito y derivados.
La subida de los rendimientos también suele favorecer al dólar. Esa combinación tiende a pesar sobre bitcoin y sobre las monedas de los mercados emergentes, mientras que la reducción de la liquidez global suele afectar antes a los activos considerados de mayor riesgo.
Los datos del periodo analizado apuntan en esa dirección, aunque sin establecer una relación automática. Entre el 1 de julio y el 7 de octubre, en los 12 días en que el rendimiento del bono subió al menos 0,05 puntos porcentuales, bitcoin cayó de media un 0,91%. En los cuatro días en que el rendimiento bajó al menos esa magnitud, la criptomoneda avanzó un 1,94%. El promedio de todos los días del periodo fue positivo, del 0,51%.
La correlación entre ambas series fue negativa: del -0,29 desde julio y del -0,35 desde septiembre. Es una relación moderada, no una regla de mercado. Entre el 1 y el 21 de septiembre, por ejemplo, bitcoin pasó de 77.400 a 86.600 dólares mientras el bono subía del 4,79% al 4,96%. Las compras de los fondos cotizados de bitcoin compensaron entonces el efecto de los tipos, algo que dejó de ocurrir cuando esa demanda se frenó.
Los datos que marcarán el mercado
El próximo foco será el índice de precios al consumidor de Estados Unidos, previsto para el 14 de octubre. Un dato elevado podría reforzar las expectativas de otra subida de tipos y empujar de nuevo al alza el rendimiento del bono. También será relevante si el 5,31% se convierte en un cierre diario superado, lo que marcaría un nuevo máximo de más de dos décadas.
Los flujos de los ETF de bitcoin serán otro indicador clave. Según Farside, entre el miércoles y el jueves se registraron salidas por 729 millones de dólares. Si regresan las entradas, esa demanda podría amortiguar la presión derivada de los tipos, como ocurrió en septiembre. Mientras tanto, la evolución del Brent seguirá siendo determinante para las expectativas de inflación y para la trayectoria de la deuda estadounidense.










