El petróleo vuelve a tensar el mercado energético ante el temor a una escalada entre Estados Unidos e Irán. El Brent cotiza en torno a los 113,47 dólares por barril, tras subir alrededor de un 2,38% este viernes, mientras Qatar trata de reactivar la vía diplomática con nuevos contactos en Teherán.
Los mediadores cataríes viajaron de nuevo este viernes a la capital iraní para intentar acercar posiciones y desbloquear un acuerdo de paz. Según Reuters, un funcionario implicado en las negociaciones confirmó el desplazamiento. Los contactos se coordinan con Washington, aunque las diferencias entre Estados Unidos y Teherán siguen siendo profundas.
El programa nuclear sigue bloqueando las conversaciones
Qatar presentó el pasado domingo una nueva propuesta a Irán, pero un alto funcionario del país la calificó de inaceptable. El principal punto de fricción es el programa nuclear iraní. Washington quiere que forme parte de las negociaciones desde el inicio, mientras que Teherán rechaza esa condición y reclama antes el levantamiento del bloqueo sobre sus puertos y de las sanciones que afectan a sus exportaciones de petróleo.
El ministro de Exteriores iraní, Abbas Araqchi, afirmó el miércoles que su Gobierno mantiene un contacto estrecho con los mediadores. Las conversaciones también analizan cómo aplicar una propuesta anterior de Irán, que contempla un proceso de siete días para poner fin a la guerra.
El vicepresidente estadounidense, JD Vance, participa igualmente en los contactos diplomáticos. Algunos medios de Estados Unidos relacionaron su acercamiento a Irán con la posibilidad de abrir nuevas conversaciones de paz. Sin embargo, el presidente Donald Trump aseguró el jueves que el contacto se había centrado en el envío de suministros médicos.
El mercado teme interrupciones en el suministro
La evolución de las negociaciones se sigue de cerca en los mercados porque cualquier deterioro del conflicto podría afectar al flujo de crudo desde Oriente Próximo. El Brent se encuentra en su nivel más alto en cerca de seis meses y acumula una subida próxima al 11% en el último mes. Con el avance actual, encadenaría cuatro meses consecutivos de ganancias. En comparación con hace un año, el encarecimiento ronda el 75%.
El West Texas Intermediate (WTI), referencia del crudo estadounidense, también registra fuertes avances y cotiza entre 103 y 104 dólares por barril. El temor de los inversores es que una nueva escalada ponga bajo presión el suministro mundial de petróleo.
Uno de los principales focos de riesgo es el estrecho de Ormuz, el paso marítimo entre Irán y Omán por el que transita habitualmente una parte considerable del petróleo comercializado en el mundo. Los ataques contra petroleros o una interrupción del tráfico tendrían consecuencias relevantes para el mercado. A esta amenaza se suman los ataques de combatientes hutíes contra objetivos en Arabia Saudí, incluidas posibles instalaciones energéticas y refinerías.
Dos escenarios abiertos para el precio del crudo
El mercado también incorpora la posibilidad de nuevas operaciones militares contra Irán. Según diversas informaciones, Trump ha recibido detalles sobre esos planes y ya ha señalado que los ataques podrían reanudarse después de las elecciones legislativas de mitad de mandato en Estados Unidos.
Aunque las exportaciones de petróleo de la región del Golfo se han recuperado parcialmente, las existencias de crudo siguen siendo relativamente bajas y existe escasez de productos refinados, como el diésel. Analistas de entidades como Goldman Sachs han advertido de que una interrupción grave del tráfico marítimo podría llevar al Brent hacia los 120 dólares por barril o incluso por encima.
El escenario contrario dependería de un avance diplomático decisivo. Si las tensiones disminuyen y las exportaciones se normalizan, los escenarios de mercado citados en la fuente apuntan a un posible retroceso del barril hacia los 80 dólares. La dirección de las negociaciones en Teherán será, por tanto, determinante no solo para el conflicto, sino también para la evolución de los precios energéticos y de las presiones inflacionistas que condicionan la política de tipos de los bancos centrales.










