La Reserva Federal de Estados Unidos podría dejar de subir los tipos antes de que la inflación alcance su objetivo del 2% si sus responsables consideran que la economía se dirige hacia esa meta sin necesidad de aplicar otro incremento. Sin embargo, las actas de la reunión de septiembre muestran que, en ese momento, la mayoría aún no estaba convencida de que las presiones sobre los precios estuvieran remitiendo lo suficiente.
La Fed elevó entonces por unanimidad su principal tipo de interés hasta una horquilla del 3,75%-4%. La mayoría de los participantes esperaba otra subida antes de terminar el año, aunque no todos partían del mismo diagnóstico. Algunos defendían un aumento adicional como seguro frente al riesgo de que la inflación siguiera enquistada. Otros consideraban que la economía todavía necesitaba unas condiciones financieras más restrictivas.
La diferencia no es menor. A los primeros podría bastarles con comprobar que los repuntes de precios son temporales y están perdiendo fuerza. Quienes creen que el gasto continúa siendo excesivo necesitarían, además, señales claras de que hogares y empresas están reduciendo su consumo e inversión.
Una gasolina más barata no resolvería por sí sola el problema
El encarecimiento del crédito pretende frenar la demanda: hace menos atractivos los préstamos y favorece el ahorro, lo que dificulta que las empresas trasladen todos sus costes a los clientes. Pero sus efectos tardan en aparecer y no afectan a todos los agentes por igual. Los compradores de vivienda pueden retirarse del mercado mientras las compañías con abundante liquidez mantienen sus planes de inversión.
Además, la Fed no puede producir petróleo ni eliminar un arancel a las importaciones. Una subida de tipos no corrige directamente las causas de determinados aumentos de costes. Su función es limitar el gasto lo suficiente como para que las empresas tengan más dificultades para repercutirlos y para evitar que un encarecimiento inicial se convierta en inflación persistente.
En septiembre, los responsables del banco central señalaron el aumento de los costes energéticos y el fuerte gasto en equipos y centros de datos vinculados a la inteligencia artificial. También observaron que algunas empresas parecían tener más capacidad para subir precios y que persistían los incrementos en servicios ajenos a la vivienda. Un combustible más barato ayudaría, pero no impediría que unos consumidores dispuestos a seguir gastando sostuvieran nuevas subidas en otras categorías.
Por eso, varias lecturas consecutivas que mostrasen una desaceleración de los precios en distintos bienes y servicios darían más argumentos para esperar. La inflación puede bajar mientras los precios siguen aumentando, aunque a un ritmo menor. La Fed buscaría indicios de que las empresas han perdido capacidad o necesidad de seguir cobrando más.
El empleo también puede inclinar la decisión
El mercado laboral no tendría que colapsar para hacer más difícil otra subida. En septiembre, los participantes describieron un empleo relativamente estable y un desempleo reducido, lo que dejaba margen para actuar contra la inflación. Algunos incluso señalaron que los salarios crecían a un ritmo compatible con el regreso de la inflación al 2% o que el mercado laboral no estaba impulsando actualmente los precios.
Pero la contratación y los despidos se encontraban en niveles inusualmente bajos. Esa combinación puede ofrecer una imagen engañosa: quienes conservan su empleo se sienten protegidos por la escasez de despidos, mientras que las personas que buscan trabajo encuentran pocas oportunidades. Si las empresas empezaran a reducir plantilla antes de que mejorase la contratación, un aumento continuado del desempleo y de los despidos haría más difícil justificar otra subida, incluso aunque la inflación no hubiese llegado todavía al objetivo.
Un único dato débil podría responder a circunstancias temporales o ser revisado. Para la Fed pesarían más varios informes consecutivos. Una inflación más lenta con un empleo estable ofrecería la combinación más clara para hacer una pausa.
El tipo oficial no cuenta toda la historia
Las actas también reflejan que algunos responsables consideraban que los tipos estaban frenando poco la economía pese al coste de las hipotecas y la presión sobre los hogares con menos ingresos. El crédito seguía disponible para muchas empresas, la inversión en inteligencia artificial mantenía su fortaleza y las subidas bursátiles respaldaban el gasto de los hogares más ricos.
Dos participantes elevaron sus estimaciones del tipo de interés neutral, aquel que ni acelera ni desacelera la economía. En su opinión, haría falta un nivel más alto para lograr el mismo efecto restrictivo. Una mayor cautela de los prestamistas y una ralentización efectiva del gasto serían señales de que los tipos actuales ya están haciendo más trabajo.
La próxima reunión está prevista para los días 27 y 28 de octubre. Las actas solo describen el análisis de septiembre, no fijan una lista de condiciones para descartar otra subida. Una moderación sostenida de la inflación sin nuevos incrementos daría motivos para esperar; un deterioro visible del empleo reforzaría esa opción. Para Bitcoin y otros activos de elevada volatilidad, cualquiera de los dos escenarios tendría lecturas distintas, pero mantener los tipos no equivaldría a anunciar recortes ni a devolver el crédito a niveles baratos.










