El S&P 500 cayó cerca de un 4% este jueves, en su mayor descenso desde el desplome bursátil de abril de 2025. La oleada de ventas golpeó especialmente a las empresas tecnológicas y refleja la inquietud de los inversores ante la posibilidad de que el nuevo equilibrio político en Estados Unidos frene el crecimiento de la inteligencia artificial.
Las tecnológicas lideran las pérdidas en Wall Street
La presión vendedora comenzó en el sector de los semiconductores y se extendió rápidamente por el conjunto de la Bolsa estadounidense. El Nasdaq 100, con un peso elevado de las grandes compañías tecnológicas, retrocedió un 6%.
El castigo fue todavía más intenso entre los fabricantes de chips. Uno de los principales índices bursátiles del sector se desplomó un 10%, mientras que Qualcomm y Arm Holdings también registraron fuertes descensos después de presentar unas previsiones que decepcionaron al mercado.
Las compañías vinculadas a Elon Musk tampoco quedaron al margen de la jornada de ventas. Tesla perdió un 11% y SpaceX cayó un 8%. La aversión al riesgo se trasladó además a otros mercados: Bitcoin (BTC) retrocedió un 6%, mientras los inversores buscaban refugio en la deuda pública estadounidense.
El VIX, indicador que mide la volatilidad esperada en la Bolsa, superó los 26 puntos. El repunte refleja el aumento de la incertidumbre en un mercado especialmente expuesto a las grandes tecnológicas y a las expectativas de inversión relacionadas con la inteligencia artificial.
El nuevo equilibrio político reabre el debate sobre la IA
Las caídas se produjeron después de las elecciones legislativas de mitad de mandato celebradas el martes en Estados Unidos. Los demócratas lograron la mayoría tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado.
Los inversores temen que ese resultado facilite la aprobación de una regulación más estricta para los centros de datos de inteligencia artificial. Según esta hipótesis, las nuevas exigencias podrían retrasar la construcción de esas instalaciones y reducir la demanda de chips y de otros equipos utilizados por las grandes tecnológicas.
La preocupación afecta sobre todo a las empresas cuyas valoraciones dependen en mayor medida de las enormes inversiones previstas en IA. Michael O’Rourke, analista de JonesTrading, sostiene que una ralentización en la construcción de centros de datos tendría consecuencias reales. En su opinión, los mercados ya no pueden dar por sentadas las previsiones de beneficios que se utilizaban para justificar las elevadas valoraciones.
O’Rourke también señala que los inversores todavía no tienen claro qué beneficios podrán generar estas compañías en el futuro. Ante esa falta de visibilidad, optan por vender acciones hasta disponer de más información.
Los analistas discrepan sobre el impacto de la regulación
La lectura del mercado no es unánime. Chris Zaccarelli, de Northlight Asset Management, considera excesiva la reacción de los inversores. Aunque admite que la construcción de centros de datos puede complicarse, cree que los proyectos con una rentabilidad suficiente terminarán adelante.
Los analistas de JPMorgan Asset Management también esperan que el crecimiento de la inteligencia artificial continúe por ahora, aunque anticipan que levantar nuevos centros de datos será más caro y requerirá más tiempo.
Para David Bahnsen, de The Bahnsen Group, el desplome pone de relieve la dependencia del S&P 500 respecto a las grandes tecnológicas. Su elevado peso en el índice permite que las caídas pronunciadas de un grupo relativamente reducido de compañías arrastren al conjunto de la Bolsa estadounidense.










