Los avances recientes de OpenAI en investigación matemática han llevado a Justin Drake, investigador de Ethereum, a pedir a la industria de las criptomonedas que se prepare para un posible «modo búnker». Su propuesta pasa por trasladar los activos a direcciones nuevas cuyas claves públicas no hayan quedado expuestas y revisar unos plazos de seguridad que, hasta ahora, se han planteado sobre todo frente a la computación cuántica.
Drake lanzó la advertencia el 7 de octubre, un día después de que OpenAI presentara una colección de nuevos resultados matemáticos generados por uno de sus modelos internos más avanzados. La compañía explicó que había sometido el sistema a miles de problemas y que publicó una parte de las demostraciones con formalizaciones verificables por ordenador en Lean. Según OpenAI, cada resultado requirió de media un volumen de razonamiento equivalente a unas tres horas de ChatGPT Pro.
Una hipótesis de meses, no una capacidad demostrada
El investigador sostiene que la aceleración de los descubrimientos matemáticos asistidos por inteligencia artificial obliga a reconsiderar cuánto tiempo seguirá siendo segura la criptografía basada en curvas elípticas. En el peor de los casos, afirmó, un ataque eficaz contra el algoritmo de firma digital de curva elíptica —ECDSA, por sus siglas en inglés— podría llegar «en meses, no en años».
La precisión es importante: el anuncio de OpenAI no describe ningún ataque práctico contra ECDSA ni contra RSA. El plazo planteado por Drake es una conjetura de peor escenario, no una capacidad demostrada por los modelos actuales. Su preocupación parte de la posibilidad de que una inteligencia artificial suficientemente avanzada descubra un algoritmo clásico capaz de reducir de forma drástica la dificultad de obtener claves privadas.
Bitcoin y Ethereum utilizan ampliamente la criptografía de curvas elípticas para acreditar la propiedad de los fondos y autorizar transacciones. En Ethereum, las cuentas externas estándar emplean ECDSA sobre la curva secp256k1. Cuando una cuenta firma y envía una transacción, la clave pública puede reconstruirse a partir de la información publicada en la cadena. Si alguien lograra derivar de manera eficiente la clave privada correspondiente, podría hacerse con el control de los activos.
Las cuentas estándar que todavía no han expuesto su clave pública cuentan con una protección adicional: en la cadena solo aparece la dirección, que es un resumen criptográfico de esa clave. Por eso Drake recomienda que los grandes tenedores y custodios trasladen la mayor parte de sus fondos a direcciones que nunca hayan firmado transacciones. Después de utilizar una de ellas para enviar fondos, aconseja mover cualquier saldo restante a otra dirección nueva.
La migración a direcciones nuevas sería una medida provisional
Esta estrategia no exige esperar a una actualización completa de las redes. También implica evitar transacciones salientes innecesarias y reforzar las prácticas de almacenamiento en frío. Drake señaló expresamente a Binance, Bitbank, Robinhood, Bitfinex y Tether como compañías que podrían liderar ese endurecimiento de sus sistemas de custodia.
La protección, sin embargo, depende del tipo de dirección. Las salidas Taproot de Bitcoin exponen la clave pública desde el principio y utilizan firmas Schnorr en lugar de ECDSA, aunque ambas se apoyan en la curva secp256k1. El traslado preventivo, por tanto, no ofrece una solución universal ni permanente.
Para infraestructuras críticas, como los oráculos y los consejos de seguridad de las redes de capa 2, Drake planteó rotar las claves ECDSA después de firmar mensajes o combinar las firmas actuales con sistemas basados en funciones resumen, como SPHINCS. A largo plazo, considera preferible una criptografía basada principalmente en funciones resumen, al entender que presenta menos estructura algebraica que las curvas elípticas, las redes reticulares o las isogenias.
Ethereum ya prepara su transición poscuántica
La industria ha tratado tradicionalmente la amenaza para estos sistemas como un problema asociado a futuros ordenadores cuánticos. Ethereum mantiene un programa específico de seguridad poscuántica que estudia firmas basadas en funciones resumen, la abstracción de cuentas y sustitutos para otros sistemas criptográficos vulnerables ante máquinas cuánticas suficientemente potentes. La infraestructura principal se orienta actualmente hacia 2029, aunque la hoja de ruta puede cambiar.
Drake cuestiona que la computación cuántica vaya a ser necesariamente la primera tecnología capaz de romper estas defensas. Aludió a casos en los que algoritmos cuánticos han inspirado mejoras clásicas y pidió mantener abierta la posibilidad de un equivalente clásico del algoritmo de Shor, que pondría en riesgo tanto la criptografía de curvas elípticas como RSA. No existe constancia de que ese algoritmo exista.
Europol también ha advertido de que la computación cuántica podría acabar debilitando la criptografía que protege las carteras de criptomonedas. La agencia sostiene que la incertidumbre sobre el calendario no debería retrasar la preparación, porque actualizar los sistemas y coordinar las defensas puede requerir años. Drake, no obstante, ha pedido evitar una migración precipitada: las transferencias apresuradas podrían introducir más riesgos de los que eliminan.










