Las acciones de Super Micro Computer (SMCI), conocida comercialmente como Supermicro, llegaron a subir un 17% en las operaciones posteriores al cierre de Wall Street después de que la compañía publicara unas previsiones preliminares de ingresos muy superiores a las esperadas. El fabricante de servidores atribuye el impulso a una demanda de equipos para inteligencia artificial mayor de la que anticipaba el mercado.
Supermicro calcula que sus ingresos del último trimestre se situarán entre 18.500 y 19.500 millones de dólares. El punto medio de esa horquilla, 19.000 millones, queda unos 4.000 millones por encima de los aproximadamente 15.000 millones que esperaban de media los analistas, una diferencia de algo más del 25%.
La cifra también supera la previsión que manejaba la propia empresa en agosto, cuando estimó una facturación de entre 14.500 y 15.500 millones de dólares. El margen bruto, además, será más elevado de lo previsto: Supermicro espera situarlo entre el 12% y el 12,5%, frente al rango del 10,4% al 10,8% comunicado anteriormente.
Un repunte que alcanza a otros fabricantes de servidores
Las acciones de Supermicro cerraron la sesión en 32,47 dólares y posteriormente llegaron a avanzar un 17%. El movimiento también se trasladó a otros fabricantes de equipos para centros de datos. Dell y Hewlett Packard Enterprise (HPE) subieron entre un 3,5% y un 4,9% en las operaciones posteriores al cierre.
El rebote llega después de varias semanas de presión sobre el valor. Incluso tras el repunte, los títulos de Supermicro seguían un 18% por debajo del máximo alcanzado a principios de este mes. El mercado había castigado al conjunto del sector de la inteligencia artificial por las dudas sobre la rentabilidad de las grandes inversiones necesarias para ampliar su infraestructura.
Supermicro no fabrica los chips de inteligencia artificial. Su actividad consiste en integrar los procesadores de Nvidia con memoria y sistemas de refrigeración para construir servidores completos. Estos equipos se instalan en los centros de datos de grandes compañías tecnológicas como Microsoft, Google, Amazon y Meta.
La deuda de los centros de datos sigue bajo vigilancia
El crecimiento de Supermicro está estrechamente ligado al gasto en infraestructura de IA. Según Reuters, Microsoft, Google, Amazon y Meta invertirán conjuntamente más de 700.000 millones de dólares este año en este tipo de instalaciones. A ese grupo se suman empresas como CoreWeave, que alquilan capacidad de computación a desarrolladores de inteligencia artificial y recurren ampliamente a la deuda para construir centros de datos.
No está claro qué parte de los ingresos de Supermicro procede de este tipo de clientes. Su endeudamiento, sin embargo, se ha convertido en uno de los principales focos de preocupación del mercado. La semana pasada, el Nasdaq perdió alrededor de un 4,5%, mientras CoreWeave cayó cerca de un 25% y algunas de sus emisiones de bonos superaron una rentabilidad del 15%. La deuda de la compañía supera los 51.000 millones de dólares.
El deterioro también afectó a los proveedores. Dell, que suministra servidores a CoreWeave, perdió más de un 22% en una semana. A la presión financiera se sumó el temor a unos tipos de interés más altos, después de que el encarecimiento del petróleo por la guerra con Irán impulsara la inflación. S&P Global advirtió, además, de que los gigantes tecnológicos podrían acumular más deuda vinculada a la IA de la que se conoce.
Supermicro mantiene asimismo un frente judicial abierto. Un cofundador y otras dos personas habrían enviado ilegalmente a China servidores valorados en miles de millones de dólares. La compañía no ha sido acusada y, según una investigación independiente, su dirección desconocía los hechos. La empresa tampoco explicó por qué adelantó estas cifras preliminares antes de la presentación oficial de resultados, prevista para el 3 de noviembre.
El mercado seguirá pendiente de los anuncios de Meta y Tesla, que publicarán sus resultados trimestrales tras el cierre de Wall Street. Para los fabricantes de servidores, la atención estará especialmente centrada en si Meta vuelve a elevar su gasto en centros de datos.










