Alex Gladstein, responsable de estrategia de la Human Rights Foundation, sostiene que Bitcoin nació como una respuesta a un sistema financiero que protege a las instituciones occidentales, pero que su promesa de libertad se entiende sobre todo fuera de Occidente. En un ensayo publicado en The Wall Street Journal, el activista defiende que la mayoría de la población mundial vive con monedas frágiles, inflación elevada o bajo regímenes que pueden bloquear sus recursos.
Una realidad monetaria muy distinta a la occidental
Gladstein calcula que el 87% de la población mundial, unos 7.200 millones de personas, vive en economías en colapso o bajo gobiernos autoritarios. Solo el 4% cobra su salario en dólares, mientras que el ciudadano medio afronta cada año inflaciones del 10%, el 20% o el 30%, según su análisis.
En esos países, las acciones y los bonos estadounidenses suelen quedar fuera del alcance de los ahorradores. El dinero se conserva en efectivo, ganado o incluso bloques de hormigón. La pérdida de valor de las divisas locales agrava el problema. Desde 2020, la naira nigeriana ha perdido casi un 75% de su poder adquisitivo frente al dólar y la libra egipcia, cerca de un 70%. En Turquía y Argentina, el deterioro ha superado el 90%.
El contraste con Estados Unidos explica parte de la incomprensión que Gladstein atribuye a los usuarios occidentales del dólar. Un dólar de 1971 conserva hoy un poder adquisitivo de apenas unos 12 centavos. Aquel año terminó el último vínculo con el oro y desapareció el límite que, al menos en teoría, restringía la creación de dinero.
Bitcoin como respuesta a la crisis financiera
El origen de Bitcoin se sitúa, en la interpretación de Gladstein, en la crisis financiera de 2008. Durante los años anteriores, los bancos concedieron hipotecas a personas que no podían asumirlas y empaquetaron después esos préstamos como activos seguros. Cuando el mercado inmobiliario se giró, el sistema se desplomó.
La crisis dejó a 10 millones de estadounidenses sin vivienda y a casi 9 millones sin empleo. Según el ensayo, solo un banquero terminó en prisión, mientras el sector financiero recibió 443.000 millones de dólares en ayudas. El Estado asumió más deuda para sostener a los bancos, en un contexto de menores ingresos fiscales y mayor gasto por desempleo. La deuda federal estadounidense pasó de unos 10 billones de dólares en 2008 a más de 37 billones en la actualidad, de acuerdo con las cifras citadas por Gladstein.
Su argumento es que la inflación permite reducir el peso real de esa deuda sin aplicar recortes de gasto que tendrían un coste político. Bitcoin, en cambio, tiene una emisión fijada en su software y limitada a 21 millones de monedas. Para Gladstein, esa escasez programada ofrece una alternativa a las divisas que los gobiernos pueden ampliar de forma discrecional.
El valor de no depender de una cuenta bancaria
La tesis adquiere otra dimensión en países donde el sistema financiero también funciona como herramienta de control político. Gladstein menciona Rusia, China, Nicaragua, Bielorrusia e Irán, donde las cuentas de activistas y organizaciones civiles pueden congelarse por actividades consideradas sospechosas. Las donaciones extranjeras, además, suelen estar prohibidas o exponer a sus receptores a acusaciones de espionaje o injerencia.
En ese contexto, Bitcoin permite mantener y transferir fondos sin depender de una entidad bancaria que pueda cerrar una cuenta o rechazar un pago. El ensayo cita a la Anti-Corruption Foundation de Rusia y a la Feminist Coalition de Nigeria como ejemplos de organizaciones que pudieron seguir pagando a sus equipos mediante bitcoin después de perder el acceso a sus cuentas.
Gladstein también afirma que ciudadanos de Cuba, Líbano y Zimbabue que recurrieron a Bitcoin al inicio de la pandemia vieron multiplicarse por 15 el valor de sus salarios medido en moneda local. Su conclusión no presenta la criptomoneda como una solución universal, sino como una herramienta especialmente relevante para quienes no cuentan con bancos estables, monedas fiables o protección institucional. “Quizá Bitcoin no sea para ti, pero sí para ellos”, resume.












