El analista tecnológico Dan Ives cree que 2027 puede convertirse en el “año dorado” de Tesla, aunque no por el crecimiento de sus ventas de coches. Su tesis sitúa el potencial de la compañía en dos negocios que todavía generan pocos ingresos: los robotaxis y el robot humanoide Optimus.
Tesla entregó 486.532 vehículos en el tercer trimestre, una cifra superior a las previsiones. Pese a ese resultado, Ives considera que la evolución del negocio automovilístico tendrá cada vez menos peso en la valoración de la empresa. El Model 3 y el Model Y representaron cerca del 98% de las entregas, mientras que la Cybertruck apenas ha modificado la composición de las ventas.
Los robotaxis, la primera gran apuesta
Según la visión de Ives, la demanda de vehículos de Tesla se está estabilizando, con cierta recuperación en Europa. Ese escenario limita el margen para que el automóvil impulse por sí solo una capitalización bursátil mucho mayor. La siguiente fuente de crecimiento tendría que llegar, por tanto, de servicios y tecnologías vinculados a la inteligencia artificial.
El analista espera que Tesla pueda ampliar su servicio de taxis autónomos a muchas más ciudades entre principios y mediados de 2027. La expansión dependerá, sin embargo, de la evolución regulatoria, que continúa siendo uno de los principales obstáculos para el despliegue de estos vehículos.
La conducción autónoma es central en la interpretación que hace Ives de Tesla. A su juicio, la compañía debe analizarse cada vez menos como un fabricante tradicional de automóviles y más como una empresa de inteligencia artificial. Si los robotaxis llegan a implantarse a gran escala, podrían alterar de forma sustancial las fuentes de ingresos y beneficios de la compañía.
Optimus aspira a ganar peso comercial
La segunda pieza de la estrategia es Optimus, el robot humanoide de Tesla. La empresa quiere orientarlo inicialmente a trabajos en fábricas y otras tareas repetitivas. Ives calcula que el proyecto podría adquirir una relevancia comercial mucho mayor durante la segunda mitad de 2027.
Por ahora, tanto los robotaxis como Optimus se encuentran lejos de tener el peso financiero de la división de vehículos. Precisamente por eso, las expectativas sobre ambos proyectos son determinantes para quienes defienden una valoración elevada de Tesla. La tesis de Ives presupone que la conducción autónoma y la robótica pasarán de ser apuestas tecnológicas a convertirse en negocios con una implantación amplia.
Una posible fusión con SpaceX y la cautela del mercado
Ives también ha estimado en más del 80% la probabilidad de que Tesla y SpaceX se fusionen antes de que termine 2027. Se trata de una previsión del analista, no de un acuerdo anunciado por las compañías. Su planteamiento refleja las elevadas expectativas que mantiene sobre el conjunto de empresas vinculadas a Elon Musk.
El mercado no comparte de forma unánime ese optimismo. Colin Langan, analista de Wells Fargo, había fijado un precio objetivo de 130 dólares para las acciones de Tesla, cerca de un 67% por debajo de la cotización de entonces. Su argumento es que la valoración de la empresa descuenta unos beneficios futuros de los robotaxis y los robots que todavía no han demostrado que puedan generar.
A esa incertidumbre se suman la presión sobre los precios de los vehículos y el encarecimiento de materias primas como el cobre y el litio, factores que pueden reducir los márgenes. El contraste entre ambas posiciones resume el debate sobre Tesla: si sus nuevos negocios alcanzan escala, la compañía podría cambiar de perfil; si no lo hacen, buena parte de la valoración actual quedará apoyada en expectativas aún pendientes de confirmación.











