Elon Musk quiere acelerar la posible fusión entre Tesla y SpaceX y aspira a que el acuerdo se anuncie, como muy tarde, durante el primer semestre de 2027, según fuentes conocedoras de los planes citadas por Bloomberg. El objetivo sería completar la operación antes de que termine el mandato de Donald Trump.
La unión de ambas compañías crearía un grupo valorado en unos 3,7 billones de dólares y se convertiría en la mayor fusión empresarial de la historia. Por ahora, sin embargo, no existe un acuerdo sobre las condiciones de la operación ni sobre el reparto accionarial de la empresa resultante.
Un calendario condicionado por Washington y los mercados
El calendario tiene una dimensión política. Musk ha recompuesto su relación con Trump en los últimos meses y vuelve a contar con contactos relevantes en Washington. Esa influencia, no obstante, podría verse reducida tras las elecciones legislativas de mitad de mandato en Estados Unidos, previstas para dentro de menos de dos semanas. Una eventual mayoría demócrata en la Cámara de Representantes o el Senado facilitaría investigaciones sobre los vínculos entre Musk, sus compañías y la Administración Trump.
La evolución de los mercados también presiona a los promotores de la operación. Los inversores han empezado a mostrar más dudas sobre las elevadas inversiones en inteligencia artificial (IA). Si las acciones tecnológicas mantienen las caídas, el valor de Tesla y SpaceX podría disminuir y complicar las negociaciones.
Bill Birmingham, de la gestora REX Financial, considera que Musk y sus asesores intentan aprovechar el momento actual. Tesla y SpaceX no han respondido a las preguntas de Bloomberg sobre el calendario previsto.
Comités especiales y colaboración tecnológica
Musk confirmó el martes, durante la presentación de los resultados de SpaceX, que ambas compañías han creado comités especiales para analizar una posible integración. El empresario respalda la idea, pero sus intereses en Tesla y SpaceX le impiden participar directamente en las negociaciones. La decisión corresponde a los consejeros independientes y a los accionistas.
La aprobación podría ser especialmente compleja en Tesla. Musk posee alrededor del 20% de sus acciones, mientras que controla más del 80% de los derechos de voto de SpaceX, según Bloomberg. Esa diferencia de poder obliga a resolver cómo se protegerían los intereses de los accionistas de ambas compañías.
Las empresas ya comparten varios proyectos. En Texas desarrollan Terafab, una fábrica de chips destinada a producir semiconductores para aplicaciones de IA. Empleados de Tesla también han probado productos de inteligencia artificial de SpaceX, de acuerdo con fuentes conocedoras de esos trabajos. Además, ambas compañías colaboran en tecnología robótica.
Una fusión permitiría estrechar esa cooperación. Tesla trabaja en vehículos autónomos y robots humanoides, mientras que SpaceX opera en los sectores de los cohetes, el internet por satélite y la infraestructura de IA. La integración facilitaría, en teoría, el uso conjunto de tecnología y recursos.
Obstáculos regulatorios e intereses económicos
La operación también plantea dificultades por la naturaleza de los negocios de ambas compañías. Tesla mantiene una amplia actividad de producción en China, mientras que SpaceX trabaja estrechamente con el Departamento de Defensa de Estados Unidos y controla tecnología sensible. Este año, la empresa espacial obtuvo un contrato de 2.000 millones de dólares para suministrar satélites al programa de defensa antimisiles Golden Dome.
JPMorgan considera que los intereses de seguridad nacional asociados a SpaceX y la presencia industrial de Tesla en China podrían dificultar la autorización de la fusión. A esto se suma la necesidad de financiar inversiones muy elevadas: SpaceX necesita capital para sus centros de datos de IA, Starlink y Starship, y Tesla prevé destinar miles de millones de dólares a robots, conducción autónoma y nuevas fábricas.
Para Musk, el incentivo económico también es considerable. Las estimaciones citadas apuntan a que una fusión podría elevar su patrimonio personal en más de 110.000 millones de dólares. La valoración de SpaceX se ha recuperado con fuerza desde su salida a bolsa en junio y sus acciones han subido un 47% desde el 5 de agosto, según Bloomberg. Esa evolución podría facilitar que sus títulos se utilizaran como medio de pago, aunque una caída de la cotización tendría el efecto contrario.










