Palantir quiere ganar una posición central en la próxima fase de la inteligencia artificial sin competir directamente con OpenAI, Google o Anthropic en el desarrollo de modelos. Su apuesta es otra: convertirse en la infraestructura que permite a las empresas utilizar distintos sistemas de IA sin perder el control sobre sus datos, sus procesos ni el conocimiento interno. Su consejero delegado, Alex Karp, define esta estrategia como «soberanía de la IA».
El control de los datos pasa al centro de la disputa
La carrera por construir modelos cada vez más potentes concentra buena parte de la atención y de la inversión del sector. Sin embargo, Karp considera que está tomando forma un mercado igualmente relevante: el de las compañías que quieren aprovechar la inteligencia artificial sin quedar atadas a un único proveedor.
La preocupación no se limita a poder cambiar de modelo cuando aparezca una alternativa mejor. Las empresas también buscan decidir qué información comparten con cada sistema y evitar que sus datos sensibles o su conocimiento corporativo puedan utilizarse para entrenar futuros modelos de IA.
En ese contexto, la soberanía de la IA implica que una compañía pueda escoger el modelo que utiliza, controlar la información a la que este accede y sustituirlo con facilidad si surge una opción más eficaz. La cuestión deja de ser únicamente qué modelo ofrece mejores resultados y pasa a incluir quién controla la relación entre ese modelo y la actividad diaria de la empresa.
Palantir apuesta por la capa entre los modelos y la operativa
La estrategia de Palantir consiste en construir esa capa intermedia. Su software conecta los modelos de inteligencia artificial con los datos y los procesos de sus clientes, de modo que puedan emplearse en tareas concretas y dentro del entorno operativo de cada organización.
Con este enfoque, el modelo puede cambiar mientras la infraestructura de Palantir permanece integrada en la empresa. Para sus clientes, eso reduce la dependencia de un proveedor concreto y permite utilizar varios modelos en paralelo. Para Palantir, crea una relación potencialmente más resistente que la que tendría una compañía vinculada exclusivamente a un sistema de IA.
La diferencia está en la facilidad de sustitución. Un modelo puede ser reemplazado por otro que ofrezca un mejor rendimiento. En cambio, un software conectado a los datos, las herramientas y los procedimientos internos de una organización resulta más complejo de retirar. Esa integración es la ventaja que Palantir trata de convertir en negocio.
El crecimiento llega acompañado de unas expectativas exigentes
Los resultados recientes reflejan el aumento del gasto empresarial en la tecnología de la compañía. En el segundo trimestre, los ingresos del negocio corporativo de Palantir en Estados Unidos crecieron un 149% frente al mismo periodo del año anterior, hasta alcanzar los 764 millones de dólares.
La facturación total avanzó un 93%, hasta 1.940 millones de dólares. Durante el trimestre, además, Palantir generó 1.220 millones de dólares de flujo de caja libre.
El mercado, no obstante, ya descuenta un escenario muy exigente. Las acciones cotizan actualmente a unas 145 veces sus beneficios. A esa valoración se suma otro matiz: el fuerte crecimiento procede principalmente de Estados Unidos, mientras que la actividad comercial internacional avanza a un ritmo más moderado.
La tesis de Palantir depende, por tanto, de que la soberanía de la IA se consolide como una necesidad estructural para las empresas y no solo como una preocupación asociada a la aparición de nuevos modelos. Si esa demanda gana peso, la compañía pretende ocupar el espacio que conecta la inteligencia artificial con el funcionamiento real de las organizaciones.











