El oro avanzó algo más de un 1% el jueves y volvió a situarse por encima de los 4.300 dólares por onza troy, mientras la plata cotizaba en torno a los 64 dólares. El repunte llegó un día después de que la Reserva Federal de Estados Unidos elevase los tipos de interés, una reacción que apunta a que el mercado ya había descontado ampliamente la decisión y centra ahora su atención en la trayectoria futura de la política monetaria.
Una subida que no sorprendió al mercado
La Fed incrementó el tipo de referencia en 0,25 puntos porcentuales, hasta una horquilla de entre el 3,75% y el 4,00%. Los doce miembros del comité de tipos votaron a favor de la medida. Para los inversores, sin embargo, el movimiento estaba prácticamente asumido antes del anuncio.
El comportamiento del oro en los días previos refleja esa anticipación. El metal había estado bajo presión y el miércoles llegó a marcar su nivel más bajo en casi seis semanas. Parte del impacto negativo que normalmente se atribuye a unos tipos más elevados ya se había incorporado, por tanto, a los precios antes de que la Reserva Federal comunicara su decisión.
En condiciones normales, el endurecimiento monetario supone un factor desfavorable para los metales preciosos. Ni el oro ni la plata generan intereses, de modo que la deuda pública y otros activos con rentabilidad pueden resultar más atractivos cuando aumentan los tipos. La reacción posterior de ambos metales no implica que esa relación haya desaparecido, sino que el mercado está valorando principalmente qué ocurrirá a partir de ahora.
La inflación y los bonos, en el centro de la atención
Las nuevas previsiones de la Reserva Federal muestran que una amplia mayoría de sus responsables contempla al menos otra subida antes de que termine el año. La posibilidad de que ese escenario se materialice dependerá de los datos económicos que se conozcan durante los próximos meses.
Para el oro y la plata, entre las variables más relevantes estarán la evolución de la inflación, los precios del petróleo y las rentabilidades de los bonos. El repunte del crudo ha reavivado recientemente el temor a que las presiones inflacionistas se mantengan durante más tiempo. Si la energía continúa encareciéndose, los bancos centrales podrían verse obligados a mantener una política monetaria restrictiva. Una nueva moderación del petróleo alteraría ese escenario.
En el caso del oro, una referencia especialmente importante es el tipo de interés real: el rendimiento de los tipos una vez descontada la inflación. Cuando la deuda pública ofrece una rentabilidad atractiva por encima del aumento de los precios, compite con el metal como destino para el capital. En cambio, si la inflación permanece relativamente alta mientras los tipos se estabilizan o comienzan a bajar, el oro puede recuperar atractivo.
El mercado mira más allá de la decisión
La subida de tipos anunciada el miércoles ya estaba, en gran medida, reflejada en las cotizaciones. Por eso, el movimiento del oro y la plata del día siguiente responde más a las expectativas sobre el siguiente paso de la Fed que a la decisión ya conocida.
La cuestión central será si los datos permiten a la institución seguir elevando los tipos o si una menor presión inflacionista y un debilitamiento de la economía terminan limitando ese camino. El repunte de los metales preciosos no convierte automáticamente unos tipos más altos en una noticia positiva para ellos. Muestra, sobre todo, que los inversores han dejado atrás el anuncio y están intentando anticipar la evolución de las condiciones monetarias.











